Leona Vicario, Benemérita Madre de la Patria

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El 30 de diciembre de 2019 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto donde se declara el 2020 como “Año de Leona Vicario, Benemérita Madre de la Patria”.

¿Quién fue Leona Vicario?

Pues bien, María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador nació el 10 de abril de 1789 en la Ciudad de México. Su padre fue Gaspar Martín Vicario, un comerciante español proveniente de Castilla la Vieja, España, y su madre, Camila Fernández de San Salvador, originaria de Señor San José de Toluca. Cabe mencionar que Leona fue hija única.

Estudió bellas artes y ciencia, tomó cursos de dibujo, pintura y literatura. Sin embargo, en 1807 perdió a sus padres, por lo que quedo al cuidado de su tío, el doctor en leyes y abogado Agustín Pomposo Fernández de San Salvador, que además fungía como su albacea. Don Agustín decidió comprar una casa para que en la mitad viviera él y en la otra su sobrina, lo cual era mal visto para esa época.

Posteriormente, su tío la comprometió en matrimonio con el coronel y abogado Octaviano Obregón, pero éste viajó a España como diputado a las Cortes de Cádiz. Más tarde en 1811, Leona conoció a Andrés Quintana Roo, estudiante de leyes procedente de Yucatán que trabajaba en el despacho de Fernández de San Salvador. Ellos congeniaron desde el inicio, ya que compartían ideales políticos y filosóficos. Al poco tiempo, Andrés pidió la mano de Leona a su tío, este se negó en un principio, ya que lo consideraba pobre, pero el problema principal era porque don Agustín apoyaba a la Corona y Andrés a la insurgencia.

El papel crucial de Vicario en el Movimiento Independentista

Desde 1810, Leona Vicario formó parte de una sociedad secreta llamada “Los Guadalupes, cuyos integrantes conformaron una red de comunicación, a través de correos con Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón, debido a que ellos pertenecían a la sociedad virreinal, y eso les permitía tener un fácil acceso a información que otros insurgentes no tenían. Ella recogía la información sobre las estrategias de los españoles para combatir a los insurgentes. Conjuntamente dio cobijo a fugitivos, envió dinero y medicamentos, y colaboró con los rebeldes, transmitiéndoles recursos, noticias e información de cuantas novedades ocurrían en la corte virreinal.

En 1812 convenció a unos armeros de Vizcaya para unirse a su bando. Estos acabaron fabricando una serie de fusiles que fueron costeados con la venta de sus joyas y algunos bienes.

Sin embargo, la labor de Vicario acabó llamando la atención de los gobernantes, y una serie de correos fueron interceptados en 1813. Por lo que Leona tuvo de huir a San Ignacio, Michoacán, y de ahí a Huixquilucan, en el Estado de México.

El gobierno virreinal había creado tras el Grito de Dolores un organismo llamado Real Junta de Seguridad y Buen Orden. Este solicito un proceso judicial en contra de Leona, aportando un gran número de documentos que evidenciaban su colaboración con los insurgentes.

Al regresar a la capital, su tío logró que la recluyeran en el Colegio de Belén de Las Mochas, en vez de ser enviada a la cárcel, donde permaneció 42 días mientras se llevaba a cabo el juicio. Desafortunadamente, fue declarada culpable y sus bienes fueron confiscados.

Fue Quintana Roo quien organizó un equipo de rescate para sacarla de su cautiverio. Hasta que el 23 de abril de 1813 consiguieron su propósito y lograron escapar disfrazados de arrieros.

Su destino fue Tlalpujahua, Michoacán donde Leona Vicario y Andrés Quintana Roo se casaron. Desde ese momento permanecieron juntos, y al servicio de la insurgencia y del Congreso de Chilpancingo.

El papel que jugaba Leona Vicario era relevante, debido a que José María Morelos tenía una gran estimación hacia ella; ya que como reconocimiento, Morelos ordenó que Vicario recibiera una asignación económica, decisión que fue ratificado por el Congreso, el 22 de diciembre de 1813.

A lo largo de 1814 y gran parte de 1815, Leona siguió colaborando y trabajó en los periódicos “El Ilustrador Americano” y el “Semanario Patriótico Americano”. Finalmente, capturado y muerto José María Morelos y disuelto el Congreso por los propios insurgentes, Leona y su marido se escondieron en la zona de Michoacán. El gobierno realista intentó desactivar la lucha ofreciendo indultos a los insurgentes que abandonaran las armas, pero Vicario y Quintana Roo lo rechazaron en un primer momento.

En 1817 Leona tuvo a su primera hija, Genoveva. Debido a que el matrimonio se la pasaba huyendo de un sitio a otro, Leona dio a luz en una cueva, en un lugar situado en Tierra Caliente.

El 14 de marzo de 1818, escondidos en la serranía de Tlatlaya, actualmente Estado de México, fueron capturados. Mas, pensando en las consecuencias que significaría para su hija, aceptaron para ambas, el indulto que antes habían rechazado.

Durante su estancia en Toluca, Leona tuvo a su segunda hija, María Dolores Quintana Vicario. Asimismo, presencio las celebraciones hechas con motivo al juramento de la Constitución de Cádiz por Fernando VII, ocasión que la llevó a escribir el poema “La libertad y la tiranía”. Tras esto, toda la familia pudo volver a la Ciudad de México.

Consumada la independencia y en compensación por la confiscación de sus bienes, el 8 de agosto de 1823 el Congreso de la República concedió a Leona Vicario, una liquidación en metálico, una hacienda llamada Ocotepec (en los Llanos de Apan) y tres casas en la Ciudad de México. Además en 1827, el Congreso del Estado de Coahuila y Texas, acordó que la villa de Saltillo se nombrara Leona Vicario, conocida en esa época como “La Mujer Fuerte de la Independencia”.

Tuvo una tercera hija a la que llamaron Dolores, en honor a la villa en la que Miguel Hidalgo inició la lucha de la independencia en 1810.

A pesar de que el objetivo había sido conseguido, Leona no abandonó sus actividades junto a su esposo; y a quién defendió de las acusaciones hechas por el presidente Anastasio Bustamante, debido a las publicaciones difundidas en “El Federalista” (financiado con recursos de Vicario).

Dentro su colaboración en “El Federalista”, tuvo varios ataques personales. El más destacado fue por el historiador conservador Lucas Alamán, quien minimizó la tarea de Leona durante la Guerra de la Independencia, ya que decía que las mujeres habían ido a la guerra de Independencia por amor a sus hombres, refiriéndose a su esposo Quintana Roo.

Por lo que Vicario le contestó lo siguiente:

Confiese Sr. Alamán que no sólo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres; que ellas son capaces de todos los entusiasmos y que los sentimientos de la gloria y la libertad no les son unos sentimientos extraños; antes bien vale obrar en ellos con más vigor, como que siempre los sacrificios de las mujeres, sea el cual fuere el objeto o causa por quien las hacen, son desinteresados, y parece que no buscan más recompensa de ellos, que la de que sean aceptadas. Por lo que a mí toca, sé decir que mis acciones y opiniones han sido siempre muy libres, nadie ha influido absolutamente en ellas, y en este punto he obrado con total independencia y sin atender que las opiniones que han tenido las personas que he estimado. Me persuado de que así serán todas las mujeres, exceptuando a las muy estúpidas, y a las que por efecto de su educación hayan contraído un hábito servil. De ambas clases hay también muchísimos hombres”.

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Leona y Quintana Roo continuaron relacionados con la política durante sus últimos años de vida. Él fue nombrado Secretario de Justicia en 1833, aunque abandonó el cargo por diferencias con el gobierno de Santa Anna. Después, en 1835 y hasta su muerte ocupó un puesto como Magistrado de la Suprema Corte de Justicia.

Leona Vicario murió el 21 de agosto 1842, y a tan sólo cuatro días de su fallecimiento fue nombrada “Benemérita y Dulcísima Madre de la Patria”. Hasta la fecha, ha sido la única mujer en México a la que se le ha realizado un funeral de Estado, y considerada la primera periodista mexicana.

Actualmente, sus restos se encuentran en el Monumento de la Independencia.

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