
El reciente decreto de la Secretaría de Energía sobre confiabilidad del sistema eléctrico en México ha generado intenso debate, tanto en redes como en medios convencionales. En lo personal, este asunto retrajo a mi memoria el siguiente suceso.
Poco después de arrancar la 4T, sabiendo que yo militaba en Morena, sin más elementos que un artículo periodístico y un mensaje en WhatsApp, un antiguo colega me buscó para hacer una consulta.
El artículo de marras se encuentra en el siguiente enlace, Juzgue el lector según su criterio.
Las palabras de mi amigo fueron estas: “¿Será posible que la 4T entre pronto en razón que requerimos más no menos inversión privada en energías renovables? ¿Podríamos elevar esa voz?”
Mi respuesta fue la siguiente: “Estimado R… ustedes son los expertos, pero aquí van mis impresiones:
-Primero, intenta usar tus propias palabras. Nadie va a dejarse seducir por una columna periodística. En ese caso, habría que convencer primero a Antonio Gershenson”.
-Segundo, si hablamos de energía y dinero hay que emplear cifras. Cualquier argumento debe exponerse en forma sucinta en una tabla, a modo de un estado de resultados. A la izquierda, cuánta energía viene de qué fuente y empresa, y a qué costo. Así hasta completar el 100% de generación. A la
derecha, a dónde va esa energía, a qué regiones, sectores de actividad o segmentos de población, y a qué precio. Cifras sustentadas y contrastadas”.
-Tercero, el argumento debe elaborarse en lógica de gobierno. El gobierno no está para economizar, ni para gananciar, ni para financiar, ni siquiera para ahorrar. Esas son opciones. El gobierno está para gobernar. Gobernar no es sojuzgar ni controlar. Su misión es conducir y su visión es liberar. Esta es la
opinión de un químico que solo ha cursado la escuela primaria de liderazgo: la paternidad”.
Si dejamos la provisión de bienes fundamentales, como el agua, la energía o los alimentos, en manos de entidades diversas a las que nos damos como rectoras a través de un proceso político, cedemos a la vez roles esenciales. Esto no parece obvio a primera vista, pero en la era de la información saltan a cada paso anécdotas, analogías e ilustraciones insospechadas”.
Si abdicamos la función rectora y cedemos el cuidado de las crías, por ejemplo, a una nana, será esta y no el padre ausente quien ocupe el imaginario y el rol de liderazgo ante los hijos. Tal nos muestra ‘Cleo’ al salvar la vida a los niños en el filme «Roma»; tan en boga en estos días”.
Quizás parezca muy distante este ejemplo, pero gobernar es «llevar la casa» o no es nada. Gobernar es barrer las calles, llevar agua a las casas, regar los jardines, prender la luz en la noche y apagarla en la mañana; cuidar a los enfermos; llevar niños a la escuela, señoras a la compra, empleados al trabajo”.
Los pueblos son como los niños: aprenden cuando crees que no te están viendo. Así aprendimos los mexicanos en el 68 que un presidente puede ponerse paranoico y colérico; en el 88 que la inteligencia no es sinónimo de rectitud; en el 2000 que una chachalaca no actúa como presidente; en 2006 que el miedo al cambio es mal consejero; en 2012 que vender votos es mal negocio”.
¿Y ahora?… Seguiremos aprendiendo… Como dice un refrán japonés: “En realidad no existen los éxitos ni los fracasos, en el fondo cuentan únicamente las experiencias”.
Juan Barrera Cordero, 17 de mayo de 2020
