Con la totalidad de las actas escrutadas se puede dar una primera lectura a razón de las elecciones en Coahuila este 2020. En principio de cuentas queda de manifiesto el triunfo del PRI en la modalidad de “carro completo”. El tricolor apostó por caras -algunas de sobra conocidas- que combinó con una estrategia de partido eficaz en trabajo de base, acuerdos cupulares y presencia mediática, conjugando la unidad y movilización de toda suerte de recursos –legales y extralegales- con la finalidad de asegurarse el congreso del estado durante los años que aún le quedan como gobernador a Miguel Riquelme.
A diferencia de otros estados de la República, pareciera que en Coahuila el PRI mantiene una presencia en la población, motivo por el cual, el voto popular, tal como en los viejos tiempos, se presentó en la forma del “voto duro”, terminando por favorecerle, y dejando a Morena sin la posibilidad de ganarse el favor del pueblo.
Sin embargo, en esta misma lectura, un aspecto de la contienda resulta por demás revelador: el panismo de Coahuila ha caído y en estos momentos vive sus horas -serán meses o años- más bajos, ascendiendo Morena como la segunda fuerza política en el estado, tras superar a los blanquiazules en todos los distritos electorales.
Definitivamente el Movimiento de Regeneración Nacional, como habría hecho en 2018, pudo haber desempeñado una mejor actuación en estos comicios. De entrada, faltó apoyo por parte de los organismos centrales del partido, bastante ocupados en el cambio de la mesa directiva y en medio de una lucha por el poder que ha calado hondo entre militantes y simpatizantes; esto aunado a la gestión de Yeidckol Polevnsky, que ha dejado un partido sin toda la capacidad operativa –a diferencia del PRI Coahuila- para cerrar filas en favor de las candidaturas locales.
Baste mencionar a lo dicho, que las esporádicas visitas de Ramírez Cuellar durante la contienda pasaron sin pena ni gloria; no dejar de mencionar la trivialidad de figuras como Antonio Atollini, originario de Torreón, que se presenta al inicio de las campañas en su mal papel de aspirante a la Secretaría general, y regresa hasta el día de la elección, al lado de Mario Delgado, quien llega tarde, de forma innecesaria y oportunista al proceso en este estado, en un mero acto proselitista en favor de su propia persona, que no sirvió para impulsar a las candidatas y candidatos, quienes, por su parte, aun después de extenuantes esfuerzos, no lograron hacerse de una curul en el congreso del estado.
La nueva configuración de fuerzas parece indicar que una buena parte de los votos de las clases medias optaron por trasladarse a Morena. Aún con lo anterior, la marcada diferencia de votos respecto al PRI –al que no se le tocó ni un pelo- indica que los nuevos votantes de Morena en Coahuila proceden de las afinidades muertas hacia un panismo incapaz. Esta situación por un lado coloca al partido movimiento como segunda fuerza política en Coahuila, y así mismo, revela una laxitud ideológica que difícilmente pueda considerarse de izquierda.
El PRI demuestra por quincuagésima vez su enorme capacidad para perpetuarse en el poder, colocándose muy por encima de los pronósticos tras obtener un resultado no visto desde hacía ya mucho tiempo en estas tierras del norte, Coahuila es territorio del PRI. La desorganización ha calado en esta elección, mostrando que, de no resolverse estas contradicciones en el corto plazo, la posibilidad de retroceder en los avances de las elecciones en 2018 es un riesgo potencial que podría dificultar los caminos de la cuarta transformación (4T). El PAN apunta hacia un destino incierto, que pronostica un éxodo de lealtades hacia otras latitudes.
Resulta fundamental considerar que el año entrante se celebran las elecciones intermedias del sexenio, al disputarse 15 gubernaturas de las cuales, 8 pertenecen al PRI, 4 al PAN, 1 a Morena y 2 a otros partidos, además de renovarse diversos congresos locales, presidencias municipales y la cámara de diputados, lo que implica más de 3000 cargos púbicos en disputa. No hay que pasar por alto lo que representa la elección en Coahuila, continuidad y así mismo, cambio, más no de la noche a la mañana, y que, así como las condiciones de 2018 no son las de 2020, el 2021 traerá sus particularidades. La diosa Fortuna colocará nuevos desafíos y oportunidades sobre la mesa, a ser resueltos con la sagacidad de la inteligencia y el arrojo de la valentía.
Por @dixzus y @LaloEnlasNubes
