
Por Eduardo Pérez
Nació el 8 de mayo de 1753 en la hacienda de San Diego de Corralejo, en Pénjamo, Guanajuato.
Sin ser uno yo mismo, hay que recordar que el iniciador de la última o últimas y definitivas insurgencias en contra del virreinato español y llamado Padre de la patria, fue un católico, sacerdote y líder del ejército que logró la Independencia, Miguel Hidalgo y Costilla. A menudo se entiende a la iglesia como un poder conservador, sin embargo, este miembro de esta fue el iniciador de un movimiento que traería libertad a la nación, en esto cabe preguntarse si lo hizo como católico o no, se dirá que fue excomulgado ¿bajo qué argumento?
El 24 de septiembre de 1810, Manuel Abad y Queipo, Obispo electo de Michoacán, promulgó un edicto de excomunión para el cura Miguel Hidalgo. Irónicamente, entre los argumentos utilizados por Abad y Queipo no se encontraba el tomar las armas siendo sacerdote, encabezar el movimiento rebelde, tampoco convencer a la gente de unirse a la causa insurgente, Abad y Queipo no podía excomulgar a Hidalgo por haber iniciado la guerra de Independencia debido a que reconocía como causa justa «el derecho a oponerse al tirano», doctrina sostenida por los propios teólogos españoles del siglo XVI, como Francisco de Vitoria y Francisco Suárez, en los que se había inspirado el propio Hidalgo.
También quien diga que Hidalgo pronunció, “¡Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII y muera el mal gobierno!”, y luchó en favor del rey de España, tiene razón. Hidalgo no buscaba la independencia como tal, esto es cierto, buscaba la autonomía de la Nueva España en condiciones en las que se encontraba el reino español, tomado por un rey ilegítimo que era Napoleón I, la Virgen de Guadalupe representa la raza indígena, es el sincretismo profundo que hubo entre las creencias o mitos prehispánicos y la religión católica, el mal gobierno era el del francés que había usurpado el reino español, sin embargo esto no resta crédito a la rebelión que tuvo lugar, así declaraban que correspondía al pueblo la formación de un gobierno temporal y provisional que ante la falta de monarca y de gobierno, instara la soberanía, que residía en la propia Nueva España, y fue en contra del poder o poderes conservadores de esa época.
La parroquia de Dolores, Guanajuato de la que se hizo cargo, tenía como feligreses en su mayoría a indígenas, de quienes intentó mejorar sus condiciones de vida, enseñándoles a cultivar viñedos, cría de abejas y a dirigir pequeñas industrias de loza y ladrillos. Asumiendo el legado de Vasco de Quiroga que fue obispo en Michoacán.
En el año de 1809 se unió a una “sociedad secreta” formada en Valladolid, cuyo fin era reunir un congreso para gobernar la Nueva España en nombre del rey Fernando VII y obtener independencia en la gestión de gobierno del país.
Como se menciona, al iniciar la guerra de independencia no había monarca español, la península ibérica estaba invadida por los franceses, la corona sería cedida por Napoleón I a su hermano José Bonaparte, en esto la lucha del cura Hidalgo hallaba una justificación, “en contra del mal gobierno”, y en defensa de la “santa religión”.
En términos del catolicismo que profesó también era legítima, teológicamente justa y sin razón para su excomunión. Para los poderes conservadores de la iglesia, sin embargo, era necesario excomulgar a Hidalgo a como diera lugar, no por una cuestión religiosa, sino para evitar que más gente se sumara al movimiento insurgente, en aquella época, esta era considerada una pena máxima, casi reservada para herejes y condenaba al infierno.
Finalmente, el edicto de excomunión se emitió “por haber atentado contra la persona y libertad del sacristán de Dolores, del cura de Chamacuero y de varios religiosos del convento del Carmen de Celaya”. Hidalgo fue excomulgado simplemente por atentar contra la inmunidad eclesiástica, por haberse atrevido a remover a otros sacerdotes, no obstante, ni siquiera hubo maltrato. (texto completo del edicto; https://issuu.com/revista.vuelo/docs/vuelo15/s/160590)
El 16 de septiembre de 1810 llevando como estandarte a la Virgen de Guadalupe, lanzó el llamado “grito de Dolores” con que inició la que se considera -la gesta independentista-.
La excomunión de Hidalgo no fue legítima. De acuerdo con el derecho canónico, la facultad de excomulgar está reservada solamente a los obispos consagrados, Abad y Queipo era obispo electo por lo que no podía hacerlo. Sin embargo, cuando los insurgentes entraron a Valladolid, en octubre de 1810, luego de que Abad y Queipo huyera, el canónigo Mariano Escandón y Llera, levantó la excomunión lanzada contra Hidalgo. Al igual que Abad y Queipo, Escandón tampoco tenía facultades para hacerlo.
En el año de 1811 fue derrotado cerca de la ciudad de Guanajuato, por lo que escapó hacia el norte, donde fue capturado y condenado a muerte. Fue fusilado en Chihuahua el 30 de julio de 1811.
Existe la polémica de si el cura Hidalgo murió dentro de la iglesia católica. Poco antes de ser fusilado el 30 de julio de 1811 y luego de su degradación sacerdotal, Hidalgo recibió la confesión, la absolución y la comunión para morir en paz.
Su cabeza, junto a la de Allende y a la de otros insurgentes, se exhibió como escarmiento en la Alhóndiga de Granaditas de Guanajuato. Manuel Abad y Queipo era obispo de Michoacán, y permaneció en su cargo hasta 1815, en que salió para España.
Su natalicio en algunos estados se conmemora izando bandera a toda asta, con honores de guardia en la plaza cívica por autoridades civiles y militares, existen monumentos a su persona en todo el país. En su honor, un estado de la República y la ciudad de Dolores, en Guanajuato, llevan su nombre.
Fuentes:
