
Como es su costumbre, la derecha emplea la guerra sucia, el poder de los medios de comunicación, la desmemoria histórica y el ruido como estrategias para promover sus intereses privados. Así lo hemos visto durante toda la campaña del egresado del ITAM, Mario Delgado, desde que comenzó a promover la encuesta abierta para la hacerse con la presidencia de Morena, y que el TEPJF le terminó otorgando. Campaña en la que con tal de hacerse con el poder y repartir con sus amigos, lo mismo difunde Fake News sobre una foto de un encuentro académico que hace pasar como pacto político contra AMLO, que una acusación falsa de abuso sexual, uso de influencers asociados a intereses neoliberales, espionaje y manipulación de audios, compra masiva de espacios publicitarios y otras mañas como las que vemos todos los días en los detractores del Gobierno Federal.
Lo mismo ha ocurrido cuando se trata de ocultar la vieja relación entre AMLO y Porfirio Muñoz Ledo, su afinidad intelectual y su cercanía con el movimiento que lo llevó a la presidencia desde sus inicios, tal como quedó escrito en el prólogo que escribió AMLO para el libro “La ruptura que viene” de Porfirio Muñoz Ledo en 2008, mientras su detractor, Mario Delgado aún militaba con el PRD y apoyaba las reformas de Peña Nieto. Compartimos este prólogo con la intención de refrescar la memoria histórica que nos explica, en parte, por qué fue precisamente Porfirio Muñoz Ledo quien puso a Andrés Manuel la banda presidencial.
Prólogo al libro «La Ruptura que viene» de Porfirio Muñoz Ledo
Cuando los editores de este libro me invitaron a prologarlo acepté con gusto, no sólo en virtud del gran aprecio que tengo por el licenciado Porfirio Muñoz Ledo, sino porque estimo que un esfuerzo de esclarecimiento sobre el pasado reciente del país merece tener la mayor audiencia. Se trata de un compendio estructurado de artículos, declaraciones, entrevistas y escritos diversos que recogen observaciones del autor frente al acontecer nacional. Constituye también una crónica de sus propias batallas y un testimonio sobre las razones que lo llevaron, en cada momento, a su toma de decisiones políticas. Representan asimismo claves valiosas de interpretación histórica y porciones reveladoras de una biografia que está por escribirse.
Estoy convencido de que nuestra historia contemporánea sería impensable sin la visión y determinación de dos personajes excepcionales: el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y el licenciado Porfirio Muñoz Ledo. Por motivos convergentes ambos se opusieron al cambio de orientación que apuntaba hacia la adopción del modelo neoliberal a mediados de los años ochenta. Cuando decidieron impulsar una corriente crítica dentro del sistema, fueron orillados a la disidencia y obligados finalmente a la renuncia. En vez de doble gane y disciplinarse, como lo habrían hecho políticos tradicionales, respondieron con dignidad y eficacia, mediante la articulación progresiva de partidos, grupos y movimientos sociales en torno al Frente Democrático Nacional. La campaña presidencial del ingeniero Cárdenas en 1988 fue un despertar ciudadano como el que encabezó en su tiempo Francisco I. Madero y, a pesar del fraude, electoral para imponer a Carlos Salinas, significó un cambiocualitativo en la cultura democrática de los mexicanos.
Fue en esas circunstancias cuando me acerqué a estos líderes democráticos con dimensión social y les propuse participar en las elecciones de Tabasco. Conocí entonces personalmente al licenciado Muñoz Ledo y trabé con él una relación política estrecha y respetuosa que, con breves paréntesis, se ha fortalecido hasta la fecha. Desde mis tiempos de estudiante había oído de su compromiso progresista. Se distinguía en esos años, como Secretario del Trabajo, por sus posturas a favor de mejores salarios para los obreros y por crear instituciones que promovieran la equidad social, aun a costa de los ataques y presiones de la derecha reaccionaria. Cuando comencé en el servicio público tuve ocasión de trabajar en organismos que se crearon por iniciativa, entre otros, del licenciado Muñoz Ledo. Es el caso del Instituto Nacional del Consumidor, cuyo diseño fue impulsado para atemperar los abusos derivados de la inflación y proteger a las clases populares. También, como Secretario de Educación Pública participó en la formación de la Comisión para las Zona Marginadas, cuyo eje fue el Instituto Nacional Indigenista del que fui en esa época delegado en Tabasco. Asimismo la primera campaña electoral en la que participé fue al lado de un gran mexicano el poeta Carlos Pellicer, a quien Muñoz Ledo había invitado como candidato a senador y al que había estimulado para que desplegar la veta socialista, pero sobre todo humanista, de su pensamiento.
A pesar de las aportaciones que realizó como funcionario público, a Muñoz Ledo se le recordará más como promotor de un cambio histórico y en sus distintas actuaciones como opositor al régimen autoritario. Ha sido notable su entereza para arrancarle al sistema reformas que favorezcan la democratización del país. Fue el negociador más avanzado y consistente de las modificaciones a la legislación electoral y mucho contribuyó a los cambios que llevaron la elección popular de las autoridades del Distrito Federal. Siempre que fue posible se comprometió en negociaciones políticas serias y transparentes, pero nunca aceptó la «cohabitación» arreglada que garantiza espacios de poder o ventajas personales a los opositores, a cambio de que las cosas no cambien en lo fundamental; eso que se conoce como «gatopardismo», esa simulación que han llegado a llamar «izquierda moderna».
Fue un legislador memorable por la calidad de sus intervenciones y por el arrojo que mostró en los debates. Como senador mantuvo a raya a la abrumadora mayoría de la bancada oficial, participó más de setecientas veces en la tribuna y denunció, una y otra vez, los excesos del poder y la instrumentación de la política neoliberal. Como dijera Lorenzo Meyer, fue un «senador sin Senado». Muchos no olvidamos su actuación en la Cámara de Diputados en 1997, cuando la oposición en su conjunto integró una mayoría democrática. En realidad, el sistema de partido hegemónico terminó entonces, porque perdió su control sobre un órgano fundamental del Estado. Con firmeza estableció las condiciones para la asistencia del Presidente al informe del 1 de septiembre, y la pieza oratoria que en esa ocasión pronunció, citando en presencia del titular del Ejecutivo, la frase «Nosotros, que cada uno somos tanto como vos y todos juntos valemos más que vos», forma parte de una nueva etapa en la política mexicana.
El autor asume su corresponsabilidad en la alternancia política del año 2000, cuando por primera vez en nuestra historia el poder nacional cambia de partido por la vía pacífica. Describe con precisión y lamenta con enojo las oportunidades que se dilapidaron pan reorientar el rumbo del país y renovar en profundidad sus instituciones políticas. Sobre todo, el engaño de que fueron víctimas lo numerosos especialistas que acudieron de buena fe a los trabajos di la Comisión para la Reforma del Estado y diseñaron la arquitectura de una nueva constitucionalidad.
En el libro recuerda los días en que Vicente Fox empieza conspirar contra la democracia y promueve abiertamente el desafuero del Jefe de Gobierno de la ciudad. El descaro con que lo hizo y los intereses a que obedecía. Las discusiones que con él sostuvo, los escritos que le publicó y los motivos que lo llevaron a combatir esa política fraudulenta con la tenacidad de que es capaz quien, junto con millones de mexicanos, ha sido defraudado.
Y una íntima confesión: en los últimos tiempos lo he notado más congruente, ha disminuido su tolerancia hacia la mentira, la desigualdad y el atropello. A ello debe su vitalidad política que lo hace batallar simultáneamente en todos los frentes a su alcance, en la tribuna o en la calle, en el periodismo, la televisión o la orgzanización política. A ello debe tal vez su invencible juventud.
Auguro a este libro mucho éxito. Se anuncia como la «crónica de una transición catastrófica», pero más allá de la denuncia y del análisis retrospectivo, traza líneas claras para el porvenir. Sin duda su autor es un personaje polémico, porque sus ideas y la agudeza de sus críticas desatan la controversia. Esperemos que esta obra lo sea también y que contribuya a la ruptura con un pasado corrupto y a la construcción de una nueva República sustentada en la dignidad, la ética, la justicia y en una auténtica democracia.
ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR
México. a 19 de mayo de 2008.
Fragmento del discurso de AMLO en la presentación del libro

No nos hagamos tarugos como dijo la Chimoltrufia, Porfirio traicionó a la izquierda apoyando al chanquilon de Fox yo voy con Yeiko
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